1 December 2015

LA ARQUITECTURA DE LAS PALABRAS


Nuestra vida transcurre bajo el firmamento de las palabras: vivimos en el lenguaje. Con frecuencia pensamos torpemente en la palabra como un mero utensilio a través del cual tratamos de explicitar nuestros mensajes y nuestros argumentos, pobre palabrería alrededor de -pongamos- la arquitectura. Sin embargo, en ocasiones pareciera que estos conjuntos ordenados de letras formaran con anterioridad y por sí mismos, si no una arquitectura, sí al menos un lugar, un preámbulo luminoso de la existencia de objetos, paisajes o habitaciones. Para José Ángel Valente, antes que nada, la palabra será luz: "luz, / donde aún no forma / su innumerable rostro lo visible" (1).

Las relaciones entre arquitectura y lenguaje han sido convenientemente estudiadas en numerosos textos, artículos e incluso mapas desde la academia (2). Algunos arquitectos han cultivado sus propias palabras y esperado pacientemente sus frutos: Buckminster Fuller en su Diccionario de Sinergias propone una colección de términos inventados que habrían de estimular su propia arquitectura: tensegrity, livingry, dymaxion... A veces necesitamos inventar un diccionario, patentar la singularidad de unas ideas desde la instauración de ciertas contraseñas o neologismos. Palabras llave. En otras ocasiones será la propia arquitectura la que soporte -no sin sorpresa- palabras sencillas e inesperadas, mensajes que consigan desvelar el mundo desde lo alto: recordemos que -por algún motivo- Álvaro Siza acepta el conocido Bonjour Tristesse en Berlín a finales de los ochenta. Palabras patrimonio.

Sobre la libertad de las palabras, su autonomía respecto a nosotros, no parece sencillo aventurar ni una sola respuesta ni conclusión (3). Quizá la concreción del ejemplo nos asista: la palabra "lugar" designaba en su origen -hace miles de años- un claro en el bosque. Tal vez la energía contenida en esta sola palabra sea capaz de enunciar el sentido primero de la arquitectura, un estado de las cosas previo a las intervenciones de los hombres, quién sabe si anterior incluso a nuestra existencia: "pues más allá de nuestro sueño / las palabras, que no nos pertenecen, / se asocian como nubes / que un día el viento precipita / sobre la tierra / para cambiar, no inútilmente, el mundo" (4). Como si en las palabras habitara ya el principio de toda estructura: palabras disolución. Conviene advertir, no inútilmente, la arquitectura de las palabras.

NOTAS

(1) José Ángel Valente, Palabra, en "Material memoria", 1979.
(2) Ver Adrian Forty, "Words and Buildings: a Vocabulary of Modern Architecture", Londres, Thames & Hudson, 2004.
(3) El "idioma" supone una apropiación particular del lenguaje común a todos los hombres, una primera privatización colectiva de las palabras.
(4) José Ángel Valente, No inútilmente, en "La memoria y los signos", 1966. 

Imagen: "The Century is Over. Evolutionary Tree of Twentieth-Century Architecture", Charles Jencks, Architectural Review, julio 2000, pág. 77.

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