En ocasiones parece que todo ha sido dicho ya acerca de un edificio. Posiblemente éste sea el caso de Bankinter, obra de Ramón Bescós y Rafael Moneo durante los años 1972-1977. Resulta imposible abordar aquí en unas pocas líneas la cantidad de referencias y otros cultismos atribuidos al proyecto por críticos y expertos desde su nacimiento: Venturi, Aalto, Kahn, Loos, Wright, Utzon, Stirling...una obra colmada de citas ante las que resulta verdaderamente difícil encontrar detractores (1). Sin embargo, Bankinter va más allá del mero baúl del erudito e incluso más allá de la propia arquitectura, constituyendo una auténtica declaración de principios en torno a la construcción de la ciudad.