El horizonte revela desde su
distancia la silente interdependencia entre naturaleza y arquitectura. En cualquier
línea horizontal trazada por el hombre sobre el territorio, en forma o no de
arquitectura, resuena de manera inexorable la presencia de su hermana mayor, celeste y telúrica a un
tiempo, la patria de todos los hombres (1). La
utopía está en el horizonte, nos dice Eduardo Galeano, y en una sola
oración identifica las dos referencias cardinales que señalan nuestro camino hacia
un lugar en permanente retirada, inalcanzable. Por eso nos hace caminar.
