Cuentan que Albert Frey se
aficionó a la construcción de canoas de madera curvada y lona durante su
juventud (1). Imaginamos la emoción de fabricar el armazón a base de cuadernas,
tracas y entarimado, así como el momento de encolar convenientemente solapadas
las lonas superior e inferior, de distinto gramaje, perfiladas mediante finas molduras
de bronce y remachadas al armazón con tachuelas de cobre. Antes de descubrir el
desierto en Palm Springs, California, antes del acero y el vidrio (2), Frey conoció
esta construcción marina en seco procedente
de una primera técnica naval: ¿acaso puede alguien resistirse a construir de esta manera?
