A lo largo de la historia el
hombre ha construido sobre un porcentaje cada vez mayor del planeta. La
preocupación por la preservación de un territorio natural es algo relativamente
reciente y de hecho, los primeros espacios protegidos datan de finales del
S.XIX (1). Por eso llama poderosamente la atención el temprano compromiso con
la naturaleza de un joven jardinero, hijo de un agricultor de Bedfordshire,
convertido después quizá en el más importante constructor de invernaderos de la historia: Joseph
Paxton.
