El diseño de una superficie a
partir de la repetición de uno o varios elementos, establece un juego tan
adictivo como estimulante. El material de la pieza, su geometría, textura,
color, brillo o posición, convocan a la sensibilidad y el esfuerzo por la
determinación del módulo, si bien será su sencilla repetición organizada la que
consiga finalmente la diversidad prometida. Más allá del juego y sus reglas
compositivas, interesa aquí la capacidad de estos patrones como instrumento de
activación de formas ilusorias: la transformación de un pavimento en una
superficie liviana, sutil, aérea como la suma de hilos coordinados en la sábana
tendida (1).
