6 October 2015

EL CENTRO DEL MUNDO


Contaba Frank Lloyd Wright que el perímetro de la arquitectura cambia constantemente mientras su centro permanece invariable. Parece casi una entelequia preguntarse hoy por ese centro inmutable, un lugar en el principio, un origen perdido en la memoria como el aguijonazo del compás sobre el papel, esa minúscula perforación necesaria tiempo atrás para el trazado de una circunferencia (1). Tiempo atrás, el centro pinchaba. Hoy, el centro se multiplica. 

En la imagen, Joaquim Gomis captura un conjunto de cobijas cerámicas dispuestas sobre el terreno para su secado, una disposición temporal tan solo deseable por la eficacia espacial de su geometría. El vacío en el centro: sabiduría popular. Y sin embargo, quizá la teja sea uno de los elementos arquitectónicos menos cualificados para la centralidad: su formación lineal y antropomórfica, surgida de los muslos de los Hombres, establece su vocación solapada y su tendido en hileras de prudencial pendiente. Las tejas esperan en calma su destino ordenado. 

Por suerte o por demora, el momento previo a su partida permitió descubrir quizá uno de los firmes más hermosos, frágiles, profundos y movedizos que se conocen, otro orden posible, un suelo vibrante y pasajero como un paisaje de cultivos despeinados. Quién no desearía poder caminar sobre el canto cerámico de esta anónima colección convergente, girar sobre el planeta como Robert Smithson en dirección al centro de ese lugar cualquiera: el centro del mundo. Como el trompo de aquel niño que Octavio Paz supo geo-localizar de manera instintiva pero acertada: Cada vez que lo lanza / cae, justo, / en el centro del mundo (2). 

NOTAS

(1) Centro: aguijón, punta del compás en la que se apoya el trazado de la circunferencia; 2. Lugar de donde parten o a donde convergen acciones particulares co-ordenadas (guión añadido por el autor).
(2) Octavio Paz, Niño y Trompo, en "Piedras Sueltas", 1955.

Foto: Joaquim Gomis, Formentor, Mallorca, 1935 (Fundación Miró).

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