14 July 2014

EL FABRICANTE DE URNAS


Los objetos reclaman, en ocasiones, la aparición de ciertas arquitecturas. Su antigüedad, su rareza o su valor los hacen dignos habitantes de espacios exclusivos, fuera ya de nuestro alcance y nuestras costumbres. Los objetos se liberan entonces de las fricciones que impone el uso cotidiano y ocupan el lugar sensible y protegido de la presea: enseres transformados por nosotros en depósitos de la memoria a modo de islas temporales irrenunciables. Diríamos, en términos de consanguineidad, (re)cuerdos (1).

Durante la construcción del museo Hedmark en Hamar se encuentran numerosos restos arqueológicos y objetos procedentes de una fortaleza medieval anterior al recinto rural de principios del Siglo XIX (2). Sverre Fehn fue el encargado de proyectar la exposición de dichos objetos en una de las más hermosas colecciones de urnas y soportes que jamás se haya diseñado. La idea era simple: a cada objeto, una arquitectura, es decir, una estructura, un espacio, una luz. Imposible resolver un soporte “tipo” para el arado, el busto, la garrafa, la copa o la bala de cañón. Los soportes rudimentarios de hierro o piedra se combinan con planos de madera tallada y delicadas estructuras de vidrio al servicio de la joya agrícola, doméstica o militar (3).

La delicadeza de Fehn para con estas estructuras, consigue transformar objeto y soporte en una nueva experiencia unidad, una sola obra como resultante de distintas épocas, materiales y artes aplicadas, pero genuina y singular bajo la cruda iluminación natural. El sol aparece como única lámpara autorizada a desvelar los matices acuáticos de los cristales, fundiendo vidrios medievales y contemporáneos en una alfombra de sombras claras e interior refulgente, sombras que revelan la posición suspendida de botellas y copas en el espacio (y en el tiempo). Frente al tradicional fondo oscuro del bodegón, los objetos aparecen aquí sobreexpuestos a una luz brillante y saturada, adquiriendo dimensión espacial a través del movimiento de las sombras y la incorporación de la naturaleza exterior. En ocasiones la arquitectura nos reta desde la máxima exigencia y la menor de las escalas; ser arquitecto consiste aquí en aprender el oficio y la alquimia del fabricante de urnas.

NOTAS

(1) Recordar, re-cordis, volver a pasar por el corazón.
(2) Sverre Fenh, Museo Hedmark, Hamar, Noruega 1967-1979, originalmente denominado Archbishopric. La independencia nacional noruega obtenida a principios del Siglo XX, tras casi 400 años de ocupación danesa (la Noche de 400 años), convierte cualquier objeto anterior al Siglo XV en un tesoro de valor incalculable como símbolo de la verdadera identidad nacional noruega. Como muestra de su valor, tan solo la mitad de los objetos fueron rescatados, quedando la otra mitad enterrada tal y como se encontró.
(3) La experiencia previa de Sverre Fehn como diseñador de exposiciones y delicados soportes para objetos se remonta al Pabellón de Noruega en la Exposición Universal de Bruselas, 1956-58; la óptica de la calle Prinsengate, Oslo, 1960; o el diseño de la exposición de arte medieval en Hovikodden, 1972.

Foto: MADC, Museo Hedmark, Hamar, Noruega, Julio 2014.

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