3 October 2016

HABITAR EN LA ERA DE LA ECONOMÍA COLABORATIVA


La casa ha sufrido numerosas transformaciones a lo largo de la historia. Como nosotros. El progreso, entendido como avance y perfeccionamiento, habilitó la introducción del agua potable o la luz eléctrica en nuestros hogares, que han incorporado sin complejos nuevos espacios de uso para cabinas de hidromasaje, lavadoras, saunas o lavavajillas. El espacio para las máquinas auspiciado por Charles Moore, el espacio coagulado de la economía vertical e híper-acumulativa, ya no es hoy suficiente y pronto podría ser incluso innecesario (1).  

La sociedad de las nuevas tecnologías, la ciudadanía on demand, ya no “reside” en el sentido más estricto y sedentario del término (2). Habitar significa hoy comunicar, producir, consumir, intercambiar o compartir. Nadie nos ha preparado para una transformación cultural de este calibre y sin embargo, los instrumentos propios de la economía colaborativa se han instalado con relativa facilidad, como si se atendiera una demanda necesaria largamente adormecida o silenciada. La casa, de nuevo, se sitúa en el centro de la regeneración económica, urbana y cultural: una transformación efervescente y planetaria que sin duda ha de venir acompañada de una profunda revisión de los actuales modelos espaciales, residenciales y urbanos.

La casa familiar ha comenzado a transformarse en un espacio abierto y geo-localizado de orden global (Airbnb), cediendo parte de su naturaleza reservada y tribal a una realidad múltiple y diversa surgida desde una nueva sensibilidad económica, ecológica y social; la casa es ahora urna digital (Wallapop), escaparate de infinidad objetos cada vez más efímeros y accesorios; un lugar para las relaciones fugaces (Tinder); un dispositivo para la producción de energía (Som); una fábrica de recursos propios mediante el uso de infatigables impresoras 3D; una ventana desde la que comprar fruta y cereales (Ulabox); o un restaurante pop-up abierto hasta el amanecer en nuestra propia cocina (Eatwith). ¿Responde el espacio doméstico a estos nuevos modelos de comportamiento? Tal vez  los patrones excluyentes y polarizados público – privado evolucionen hacia una red inter-conectada de servicios compartidos. ¿Qué consecuencias positivas (y negativas) presentan estas nuevas dinámicas en el paisaje urbano? Conviene reflexionar sobre el hecho de habitar en la era de la economía colaborativa.

Notas

(1) Moore, Charles, La casa: forma y diseño, Barcelona, Gustavo Gili, 1976.
(2) Residir: Estar establecido en un lugar.

Imagen: Livehoods. Aplicación que establece el carácter de barrios y distritos en función de los tuits y reservas online de sus habitantes. La iniciativa, que parte de los datos geo-localizados de otras aplicaciones móviles, forma parte de un proyecto de investigación de la Carnegie Mellon University. Frente a la tradicional definición física y espacial del barrio –frente a las ventajas ofrecidas por el asesor inmobiliario- Livehoods ofrece flujos de información actualizada y cambiante, datos producidos directamente por los residentes y sus intereses, variables afectadas por la creciente movilidad y la propia oferta en servicios del barrio.


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