La heterogeneidad y eclecticismo de la actual industria textil ha convertido la ciudad hiperdensa en una suerte de nube polícroma, un paisaje humano de puntos en movimiento y actividad frenética que discurre a través del hervidero de avenidas, pasajes, parques y edificios. Existen también, como reductos en la marea, lugares reservados a comunidades uniformadas, espacios envueltos en una cierta solemnidad en los que la actividad se reviste de una manifiesta y necesaria adhesión a un singular traje colectivo: el convento, el hospital, el cuartel o la comisaría. Arquitecturas del uniforme.
