12 January 2016

LA DISTANCIA ES UN CUERPO TRANSPARENTE


Recuerdo haber afirmado en público que la arquitectura siempre mejora la ciudad. Siempre. Al final de la sala alguien quiso levantar la mano y, con voz firme, tomar la palabra para abordar uno de los temas centrales de nuestro oficio: mejora...¿para quién? La pregunta no es menor y desde luego conviene construir un argumento -que no una respuesta- sosegadamente, más como el lento proceso de formación de la resina en el árbol, que como réplica improvisada de tertuliano más o menos exhausto por las prisas, los pre-juicios o la sinrazón.

El estadio municipal de Braga proyectado por el arquitecto portugués Eduardo Souto de Moura, ocupa el vaciado de una extinta cantera de granito. Los frentes menores del campo quedan abiertos al paisaje, abiertos de igual modo a la mirada cautelosa de todos aquellos que desde lo alto del monte Castro advierten el espectáculo -a cierta distancia- sin pagar entrada: "Mi padre, cuando era pequeño e iba al fútbol, era de los que se quedaban fuera. El estadio era otro, muy bonito, un estadio de arquitectura fascista, abierto como una U. En la abertura había una colina, el monte Picoto, y allí subían los que no podían pagar, la clase popular" (1). Como si la idea misma del estadio como sustracción privativa de paisaje y paisanaje fuera superada por un exilio civil y panhumano desde lo que hoy podríamos llamar -sin temor a avergonzarnos- cultura. 

"Un arquitecto no puede compartir la visión del cliente, de ese grupo concreto, sino la visión de la humanidad" (2). He aquí una gran respuesta aunque, sin ánimo de contradecir al maestro Mendes da Rocha, matizaríamos -tal vez- que resulta difícil compartir exclusivamente la visión de tan solo una de las partes. La arquitectura despierta siempre un conjunto de intereses: la arquitectura presenta una raíz conflictiva. Por eso emociona la buena obra que no sirve tan solo al usuario o prestigia tan solo el valor de una marca o empresa; la arquitectura no como mero programa funcional, decorado urbano, receta académica o fanfarria exhibicionista al servicio de los intereses más espúreos. Arquitectura desde el exilio. Arquitectura siempre a cierta distancia. Por suerte para nosotros, y para los espectadores del afuera, la distancia es un cuerpo transparente.    

"Porque es nuestro el exilio. No el reino"(3).  

NOTAS

(1) Eduardo Souto de Moura, entrevista con Anatxu Zabalbeascoa, CBA, Minerva, 22 (2014), pág. 4.
(2) Paulo Mendes da Rocha, La Ciudad es de Todos, Fundación Caja de Arquitectos, Barcelona, 2011, pág. 45.
(3) José Ángel Valente, Presentación y memorial para un monumento, 1970.

Imagen vía Arquiscopio.



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